Hace unos días me preguntaba por qué, si cada vez viaja más gente, las aerolíneas no bajan el precio de los pasajes, más allá del juego entre la oferta y la demanda

El último balance de Aerolíneas Argentinas ayuda a entender una parte de la respuesta: llenar más asientos no alcanza cuando el combustible sube mucho más rápido que los ingresos.
La cantidad de pasajeros que puede transportar cada avión y el consumo necesario para hacerlo también forman parte de esta ecuación, como vimos ayer al comparar los modelos de la familia Boeing 737 MAX.
Analicemos el caso de Aerolíneas Argentinas
Aerolíneas Argentinas registró una pérdida de 95.580 millones de pesos, equivalentes a unos 63 millones de dólares, durante el primer semestre de 2026. El resultado interrumpió dos años consecutivos con balance positivo.
Según la compañía, el principal motivo fue la suba del combustible provocada por el conflicto en Medio Oriente.
El precio del JP-1 (el utilizado por los aviones) aumentó cerca del 90% y generó un sobrecosto superior a los 100 millones de dólares durante los primeros seis meses del año.
Mientras los ingresos crecieron un 20,7% respecto del mismo período de 2025, los costos aumentaron un 38,3%.
La diferencia explica por qué transportar más pasajeros no garantiza mejores resultados ni una reducción automática de las tarifas.
Una mayor ocupación permite distribuir algunos costos fijos entre más pasajeros. Sin embargo, cada vuelo sigue consumiendo combustible y también tiene gastos de mantenimiento, personal, aeropuertos, tasas y servicios.
Si esos costos aumentan más rápido que la facturación, vender más asientos puede no ser suficiente.
Aerolíneas calculó que, sin el incremento extraordinario del combustible, habría obtenido un resultado operativo positivo de aproximadamente 25 millones de dólares.
La empresa también informó que continúa funcionando sin recibir transferencias del Tesoro Nacional desde mediados de 2024.
Qué puede cambiar para quienes compran pasajes
El combustible no es el único componente de una tarifa aérea, pero representa una parte importante. También influyen el tipo de cambio, los impuestos, las tasas aeroportuarias, la disponibilidad de aviones, la competencia y la demanda de cada ruta.
Desde marzo, Aerolíneas aplica un recargo temporal vinculado al combustible. Si el precio internacional se mantiene alto, la presión puede aparecer en las tarifas, en la cantidad de promociones y en la capacidad ofrecida en las rutas menos rentables.
Por el momento, Aerolíneas no anunció nuevas cancelaciones ni el cierre de destinos relacionados con esta situación.
El problema no se limita a la Argentina

La Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA) proyectó para 2026 un precio promedio del combustible de 152 dólares por barril, frente a los 90 dólares de 2025. Como consecuencia, redujo su previsión de ganancias para la industria mundial de 41.000 a 23.000 millones de dólares.
Aerolíneas señaló que sus números volvieron a ser positivos desde junio y que desde septiembre registra niveles récord de pasajeros.
Son datos que muestran una demanda firme, aunque con márgenes muy sensibles a cualquier aumento de costos.
Para mí, ese es el dato útil: que viaje más gente no significa necesariamente que los vuelos puedan ser más baratos. Para entender el precio de un pasaje hay que mirar la demanda, pero también cuánto cuesta poner cada avión en el aire.
Los que me conocen saben que me interesan los temas de economía y finanzas, especialmente cuando ayudan a explicar cómo se forman los precios.
Analizar correctamente los costos es fundamental para determinar si un negocio es rentable, aunque venda más o tenga más clientes.
Las noticias que comparto en esta sección son temas que considero importantes para quienes viajan o trabajan en la industria del turismo. Antes de publicarlas, reviso y contrasto la información en diferentes fuentes.
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