El 5 de octubre salimos a fotografiar un Ñacurutú (Bubo virginianus) y terminamos observando a una familia completa: dos adultos y dos pichones, con una persecución aérea incluida.

Para quienes compartimos esa tarde en el Departamento General San Martín, Córdoba, era el primer encuentro con la especie. Un LIFER, como llamamos los observadores de aves a esa primera vez, que coincidió con el Día Nacional del Ave.
Una tarde de fotografías, mates y sorpresas
Todo comenzó con un aviso en nuestro grupo de WhatsApp: durante una poda, unos trabajadores habían visto un «búho gigante».
Invitados por el propietario, fuimos al campo Rubén Sanchez, Pablo Alberdi, Carlos Monjes y yo, observadores de aves y fotógrafos de Villa María y Villa Nueva.
En lo alto de un gran eucalipto encontramos al Ñacurutú sobre una plataforma asentada en un nido de cotorras.
Mientras lo fotografiábamos, distinguí algo parecido a unos plumones detrás del adulto, contra el tronco.
El zoom de mi Nikon P950 me ayudó a descubrir al primer pichón, apenas visible entre las ramas.

Con el sol cayendo, hicimos una pausa para tomar mates y consultar información sobre la especie.
Leer sobre sus nidadas y los cuidados de los adultos nos animó a esperar: quizás había otro pichón y la pareja permanecía cerca.
Al regresar al árbol, con muy poca luz, se dejaron ver dos pichones que parecían observarnos con curiosidad.
El adulto del nido voló a un árbol vecino. Poco después se posó cerca un Carancho (Caracara plancus) y apareció el segundo Ñacurutú: lo atacó y persiguió en vuelo hasta alejarlo.
Por su menor tamaño y lo observado, interpretamos que este último era el macho y el del nido, la hembra.

Carlos, casi en total oscuridad, consiguió fotografiarlo con trípode y recuperar una imagen del archivo RAW. Por la hora, y al notar su inquietud ante nuestra presencia, nos retiramos.
Creíamos estar ante el primer registro departamental, pero después en encontré en ebird.org uno de Emiliano Lucero, del 5 de diciembre de 2015 en Estancia Yucat.
Cómo reconocer al Ñacurutú
El Ñacurutú (Bubo virginianus) impresiona por su cuerpo robusto, su postura erguida y los penachos de la cabeza. Esas aparentes orejas son plumas: los oídos están ocultos a los lados de la cabeza.
Su plumaje combina tonos pardos, grises y oscuros que ayudan a disimularlo entre troncos y ramas.
Pertenece a la familia Strigidae, el grupo al que pertenecen muchas de las aves que llamamos lechuzas y lechuzones.
Las hembras suelen ser más grandes que los machos, aunque ambos tienen un plumaje parecido. La garganta blanca no es una marca exclusiva del macho.

En nuestra salida, el tamaño y el comportamiento nos orientaron en la interpretación del sexo de los adultos; aunque no podríamos confirmarlo.
Dónde vive y cómo se mueve
Tiene una distribución amplia en América, desde Norteamérica hasta distintas regiones de Sudamérica.
En Argentina habita el norte y centro del país, incluida Córdoba. No conviene extender automáticamente su distribución hasta Tierra del Fuego: Allí el Tucúquere (Bubo magellanicus), que es muy parecido, está presente en regiones australes y andinas y se le reconoce como una especie diferente.

El Ñacurutú puede vivir en montes, ambientes rurales, bordes de humedales y sectores arbolados cercanos a poblaciones.
Su estado de conservación es LC (Preocupación Menor)
Generalmente es residente, sin una migración anual regular. Los jóvenes se dispersan cuando se independizan y algunos individuos pueden desplazarse si escasea el alimento.
De todos modos, que una especie esté presente en una región no significa que resulte fácil encontrarla en cada salida. De hecho, todos nosotros llevamos años recorriendo la zona y ninguno de nosotros la había visto antes.
Un cazador que se activa con la oscuridad

Su actividad es principalmente nocturna, con movimiento al anochecer y antes del amanecer.
Durante el día puede permanecer quieto y pasar inadvertido. Sin embargo, no está limitado a cazar de noche: también puede hacerlo con luz, especialmente cuando necesita conseguir alimento para las crías.
A menudo observa desde una rama u otro punto elevado y se lanza sobre la presa. La vista adaptada a la poca luz, el oído sensible y un vuelo silencioso lo ayudan a cazar.
Es un depredador oportunista. Come pequeños mamíferos, entre ellos roedores, y también puede capturar presas mayores, aves, reptiles y otros animales.
El menú depende de lo disponible en cada ambiente; no hay una dieta idéntica para toda su distribución, encontramos debajo del árbol muchas plumas verdes y en un tronco, claramente usado de posadero, picos de cotorras, patas y alas, incluso cabezas enteras.

Las presas pequeñas pueden ser tragadas enteras y las grandes, desgarradas. Los restos que no digiere, como pelos y ciertos huesos, se expulsan en pequeñas masas llamadas egagrópilas. Su estudio permite conocer qué estuvo comiendo sin observar cada captura.
Un nido que ya tenía constructores
El Ñacurutú no suele construir un nido propio. Aprovecha estructuras hechas por otras aves, cavidades de árboles, salientes rocosas e incluso lugares artificiales que ofrezcan un sitio adecuado para criar.
En nuestro caso, la familia ocupaba una plataforma sobre un nido de cotorras (Myiopsitta monachus), en lo alto del eucalipto.
Esa observación encaja con su capacidad de utilizar construcciones ajenas. No vimos que las cotorras seguían usando alguna parte de esa estructura.
La documentación consultada registra habitualmente nidadas pequeñas, con frecuencia de dos huevos, aunque el número varía. La incubación dura aproximadamente un mes y está principalmente a cargo de la hembra.
Son referencias generales de la especie, no plazos comprobados para el nido que fotografiamos.
Cómo crecen los pichones y quién los alimenta

Al nacer, los pichones tienen los ojos cerrados y dependen por completo de sus padres. Durante las primeras semanas, la hembra les proporciona abrigo y atención cercana.
El macho suele aportar las presas, y ella las desmenuza para alimentar a las crías pico a pico.
La participación cambia a medida que crecen: necesitan menos abrigo, empiezan a manipular alimento y exploran lo que los rodea.
Las diferencias de tamaño entre hermanos pueden deberse a que no todos nacen el mismo día. En nuestras fotografías se aprecia su plumón, pero no contamos con datos para establecer su edad exacta.
Hacia las seis semanas pueden empezar a salir del nido y trepar por ramas cercanas, todavía sin volar bien.
Después llegan los vuelos cortos y los aterrizajes imperfectos. Abandonar el nido no equivale a independizarse: siguen recibiendo alimento y aprendiendo durante semanas, e incluso meses.
Quizás esta camada nos permita registrar algunos de estos momentos ya descriptos por otros ornitólogos de toda américa.
Los adultos también defienden a sus crías. La persecución del Carancho (Caracara plancus) nos permitió observar una respuesta ante la presencia de otra rapaz cerca del nido.
Nosotros no vimos una entrega de alimento; sí una familia cuya actividad empezaba a cambiar con la llegada de la noche.
La yapa: un Milano blanco con su presa

Durante la tarde, un Milano blanco (Elanus leucurus) pasó volando alto sobre los eucaliptos. Es tan bello que levanté la cámara y lo fotografié.
Recién al recortar la imagen en la computadora descubrí que llevaba un pequeño roedor entre las garras: en el momento no lo había visto. Otra sorpresa para una salida que ya nos había regalado mucho.
El nido está en una propiedad privada de la zona de Arroyo Cabral, a la que ingresamos por invitación.
Prefiero reservar su ubicación precisa para cuidar el nido y respetar a sus propietarios emplumados. También a los propietarios humanos del lugar.
Observarlas también implica reconocer cuándo es momento de guardar la cámara y dejarlas continuar su vida.
Para seguir leyendo
La información general sobre la especie está resumida principalmente de la documentación de Birds of the World: ñacurutú (Bubo virginianus), del Laboratorio de Ornitología de Cornell.
Allí se puede ampliar la lectura con detalles de menciones, referencias, fechas y autores sobre distribución, alimentación, comportamiento y reproducción.
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