Hay lugares que uno no sale a buscar, pero terminan siendo de los que más sorprenden. La Cuesta del Rahue fue exactamente eso.
Después de descubrir —y quedar completamente enamorados— del Parque Nacional Laguna Blanca, seguimos por la misma Ruta Provincial 46 rumbo a Aluminé. Y sin esperarlo demasiado, el camino nos puso de frente con esta joya:

Una bajada de caracoles que recuerda, inevitablemente, al cruce a Chile desde Mendoza, aunque más corta y en ripio.
Antes de comenzar el descenso, hay una explanada al costado de la ruta que funciona como mirador natural. Desde ahí ya se tiene una vista completa de la cuesta, sin necesidad de levantar un drone.
Es uno de esos puntos donde vale la pena frenar, bajar del auto y tomarse un rato. En ese mismo lugar hay un cartel en homenaje a Marcelo Berbel, poeta fundamental de la cultura neuquina, quien le dedicó una zamba a este camino.
Más abajo les dejo un video con la interpretación de esta zamba junto a su hermana Marité.

Cómo llegar y distancias
La Cuesta del Rahue se encuentra sobre la Ruta Provincial 46, en el centro de la provincia de Neuquén.
- Está a 298 km de la ciudad de Neuquén Capital
- A 107 km de Zapala
- A 34 km de Aluminé
Otra opción si no vienen desde Zapala, es visitarla desde Aluminé, incluso como una excursión de medio día, y regresar por el mismo camino si no estás haciendo un recorrido circular.
Al pie de la cuesta se encuentra la pequeña localidad de Rahue, a unos 16,5 km.
El camino: corto, intenso y escénico

La cuesta en sí tiene apenas 3,5 kilómetros de extensión, pero concentra toda la emoción en ese tramo. El desnivel es de unos 270 metros, lo que explica la pendiente y la sucesión de curvas cerradas.
Es un camino de ripio, en buen estado cuando lo recorrimos, pero como siempre en este tipo de rutas, conviene consultar el clima, estado del camino (hay un puesto de vialidad en Rahue) durante o después de nevadas y bajar con precaución, usar cambios bajos, cadenas si fuera requerido y tomarse el tiempo para disfrutar.
Arriba domina la estepa patagónica, más árida y abierta. A medida que se desciende, el paisaje empieza a transformarse: aparece más verde, más vida, otro clima. Ese contraste es parte del encanto.

En días despejados, además, el horizonte se recorta con la presencia de los volcanes Lanín, Villarrica y Quetrupillán, que acompañan el recorrido como guardianes silenciosos.
Mapa: ubicación del mirador y la cuesta
Video del recorrido
Estoy trabajando en el video, vuelva el 28 de marzo 2026
La zamba de la Cuesta del Rahue
La conexión cultural con el lugar le suma una dimensión distinta al viaje. No es solo un camino escénico: también es inspiración.
Como me acompaña el Cerro Chachil
si voy de Ñireco hasta Catan Lil,
por el valle azul del Picún Leufú
la luna en la nieve me llena de luz.
Es mío el silencio y me gusta andar,
de un cielo estrellero bebiendo la paz,
y soñar despierto, mirando pasar
un piño de nubes que faldeando va.
Voy siguiendo las pircas antiguas
por senderos que unieron ayer,
de espinazo del zorro hasta el Rahue
y bajaban hacia Aluminé.
Los pehuenes que ya me conocen
parecieran querer saludar
desde el fondo de su tiempo esta sangre
que me hace andar.
Me gusta hacer noche donde pueda oír
el arroyo niño cantar para mí,
y en la soledad de mi libertad
mirando el celaje reír o llorar.
Yo sé que la vida se me va a escapar
como que este canto siempre volverá,
y mi tierra amada también cantará
desde el mismo viento que me hace cantar.
¿La conocían? A veces los mejores lugares aparecen así, sin aviso. Nos vemos en el camino. Todavía queda mucho por recorrer.






