Llegamos a Villa Pehuenia desde el Parque Nacional Laguna Blanca, cansados, con frío, mal clima y la camioneta desordenada después de 3 noches de dormir en el camino, pero con esa mezcla de ansiedad y entusiasmo que sólo generan los destinos que prometen paisajes y nuevas especies de aves para fotografiar.

Según el pronóstico del tiempo la lluvia se iba a quedar con nosotros durante toda la estadía, pero el paisaje ya empezaba a insinuar que la elección del destino había sido acertada, incluso por el camino más largo que nos permitió disfrutar de la Cuesta del Rahue.
Sabíamos de antemano que en la zona urbana no está permitido pernoctar con motorhome, así que la primera misión fue encontrar un camping. No hubo demasiadas dudas: elegimos el Camping Don Cirilo, recomendado por varios viajeros.
Está apenas entrando a la villa y resolvió rápido una necesidad básica después de un día largo de ruta.

Veníamos con retraso en el itinerario —algo habitual cuando el viaje no es rígido—, la idea original era quedarnos dos días completos más el de llegada.
Terminamos extendiendo la estadía a tres días y medio, aunque en la práctica, por el mal tiempo, fue como haber tenido dos jornadas reales de exploración.
Alojamiento en cabañas… algo no estaba en los planes
La lluvia persistente, el viento fuerte y una torcedura que arrastraba desde Laguna Blanca hicieron que tomara una decisión, poco romántica para la vida #VanLife, pero necesaria: cambiar el motorhome por una cabaña.

En condiciones normales, dormir sobre ruedas es parte de la experiencia, pero cuando el pronóstico marca temperaturas cercanas a cero y la ducha es externa, hay que adaptarse.
Esa noche, la ducha caliente, la calefacción, el ruido a lluvia y viento del bosque, hicieron de la ocasión un lujo inesperado.
El camping tiene varias cabañas bien equipadas con calefacción, cocina y agua caliente. Recomiendo las que están sobre la playa, pero no había lugar para nuestras fechas.
El resto de las instalaciones también son muy completas. Buenos baños con duchas para el acampante, parcelas con luz, quincho con WiFi, asadores en el bosque, también parrilleros techados y una playa semiprivada maravillosa.

Qué ver en Villa Pehuenia en 3 días
Si el clima hubiese acompañado, tres días es el mínimo ideal para recorrer con tranquilidad.
En nuestro caso, entre la lluvia y el viento, hubo mucho tiempo en bares, las cabañas o en el interior de la camioneta, eso sí, con unos buenos mates, excelentes vistas y por momentos caminatas cortas que permitieron fotografiar el paisaje y varias especies de aves interesantes que comparto al final del artículo.
Aun así, alcanzó para entender por qué este rincón de Neuquén enamora.

Villa Pehuenia es, sin exagerar, un paraíso para quienes disfrutan del agua, la naturaleza y particularmente, para los amantes del kayak: pocas veces vi tantos sobre los techos de autos, en patios de cabañas o disponibles para alquilar.
Un detalle que vale la pena destacar: todos los accesos a las playas son libres y gratuitos. No hay entradas ni estacionamientos pagos, algo que sorprende gratamente por el nivel del destino.
1. Paseo de la Costa y muelle

El corazón de la villa está junto al lago Aluminé. Allí se encuentra el paseo costero y un muelle desde donde salen excursiones lacustres.
Es también el punto donde se concentran varias propuestas: alquiler de kayaks, botes a pedal y agencias de excursiones.
Las playas son amplias, de arena, con aguas increíblemente claras. Me sorprendió la temperatura del agua: más templada de lo esperado, probablemente por la poca profundidad del lago y el efecto acumulado del verano.
Los paseos en barco se suspendieron todos los días por viento y lluvia. Aun así, el lugar tiene su encanto: caminatas cortas, mates frente al lago y refugio en cafeterías y casas de té que salvan cualquier tarde gris.

Al final del paseo hay un mirador para sentarse a contemplar el paisaje, sacar fotos o simplemente para no hacer nada, escuchar música, leer un libro o concentrarse en el presente, con el silencio y el viento como única música.
2. Península de los Coihues
Uno de los rincones más lindos de la zona. Es una península con pequeñas playas rodeadas de bosque de coihues y pehuenes, árboles que definen la identidad del lugar.

Hay miradores naturales, senderos simples y rincones ideales para quedarse un buen rato. Incluso si el día no acompaña. El contraste entre el verde intenso del bosque y el color del lago generan postales instagrameables por donde uno mire.
3. Playa Radal-Co
Más chica que otras, pero probablemente la más pintoresca. Se puede llegar con el vehículo prácticamente hasta la arena, lo que la convierte en un punto ideal para quienes viajan en motorhome y pasar el día, pero recuerden. Prohibido pasar la noche, hay carteles que igualmente se los hará recordar.

También hay alquiler de kayaks y opciones para navegar, aunque en nuestro caso todo estaba cerrado lamentablemente.
Aun así, fue uno de los lugares donde más tiempo pasamos, disfrutando bajo un gazebo abandonado, quizás de la gente que alquila las embarcaciones, con el lago de frente.

4. Playas sobre el lago Aluminé
Uno de los grandes atractivos de Villa Pehuenia es que no hay una sola playa destacada: hay muchas, y cada una tiene su personalidad.

En el recorrido entre el centro y la Península de los Coihues fuimos descubriendo varias: Playa del Lago Aluminé, Playa de los Carpinteros y otras más pequeñas que invitan a parar sin demasiada planificación.
Es un destino para ir deteniéndose, bajarse, caminar unos metros y dejar que el paisaje haga lo suyo.
5. Mirador del Ciprés

Desde la misma península se puede subir en vehículo hasta un punto alto donde hay antenas de comunicación. Desde allí se obtiene una vista panorámica espectacular de toda la zona.
Es una de esas paradas rápidas que valen completamente la pena, incluso en días nublados. Con buen clima, debe ser un mirador privilegiado para atardeceres.
6. La Angostura
Un punto geográfico interesante donde el lago Aluminé y el lago Maquehue se conectan a través de un estrecho. Un puente cruza ese paso de agua y crea un paisaje muy particular.

La referencia inevitable es el río Correntoso en Villa La Angostura, y probablemente de allí venga el nombre.
Pasamos varias horas allí, en modo contemplativo. La lluvia golpeando el techo del motorhome, una siesta improvisada y algunas fotos con el celular cuando el clima dio una pequeña tregua.

7. Observar aves y simplemente parar
Más allá de los puntos concretos, Villa Pehuenia invita a algo que no siempre es fácil: frenar. En cualquier playa, sendero o incluso desde el camping, siempre hay algo para mirar.
En mi caso, la recompensa por detener mi atención en las aves fue doble: sumé tres especies nuevas a mi lista de aves, lo que en el mundo de los observadores de aves llamamos lifer. ¿Quieren ver las fotos?








Dejé para el final la foto de esta amistosa hembra de Tordo Renegrido, ya que constituye un registro fotográfico valioso para la ornitología local.
Gracias a la colaboración y conocimiento en plumajes de aves de Juan Klavins, pudimos determinar que se trata de un individuo con una coloración inusualmente oscura para la zona, posiblemente un morfo oscuro.
No les dije cueles fueron los 3lifers: Gaviota Andina, Remolinera Araucana y Cauquén Real.
Datos útiles sobre Villa Pehuenia
Villa Pehuenia está ubicada en el oeste de la provincia de Neuquén, a orillas del lago Aluminé y muy cerca del límite con Chile.
- Altitud: aproximadamente 1.200 metros sobre el nivel del mar
- Población: cerca de 1.600 habitantes
- Clima: frío en invierno con nevadas frecuentes; veranos templados ideales para actividades al aire libre
- Servicios: cuenta con escuelas, centro de salud, supermercados, farmacia y una estación de servicio YPF, alojamientos y oferta gastronómica creciente
Distancias a Villa Pehuenia
Para quienes estén planificando el viaje, estas son algunas referencias aproximadas:
- Neuquén Capital: 310 km
- Zapala: 120 km
- Malargüe: 420 km
- Mendoza: 530 km
- San Luis: 750 km
- Buenos Aires: 1.400 km
- Córdoba: 1.050 km
- Rosario: 1.300 km
El acceso más habitual es desde Zapala, combinando rutas asfaltadas con algunos tramos de ripio en buen estado.
Un destino para volver

Villa Pehuenia nos quedó incompleta. Y eso, lejos de ser un problema, es una invitación.
El clima no permitió navegar, ni remar, ni recorrer con la calma que el lugar propone, pero incluso así, alcanzó para entender su propuesta: un destino simple, genuino, con paisajes que no necesitan filtros y con una tranquilidad cada vez más difícil de encontrar.
Me fui con la sensación de haber visto apenas una parte, y con la certeza de que hay lugares que no se terminan de conocer en un solo viaje. Villa Pehuenia es uno de ellos.



