El fin de semana del 1 de mayo salimos con amigos a recorrer lo que alguna vez fue la Laguna Monjes, en Villa María. La expectativa era encontrar aves acuáticas y quizás algún migrante escapando del frío patagónico.
Pero lo que encontramos fue otra cosa. Algo que, sin exagerar, nos dejó sorprendidos. Donde antes había agua, hoy hay un pastizal que no para de crecer. Y sobre ese pastizal, cientos de Pechos Colorados.

Un paisaje que cambió por completo
La Laguna Monjes dejó de existir hace unos 3 o 4 años. Entre la sequía prolongada de 2020 a 2025 y algunas obras viales mal planificadas, el sistema colapsó.
Lo más llamativo es que, incluso después de un inicio de 2026 con muy abundantes lluvias, no se recuperó ni un charco. Hay una explicación bastante clara.

El camino rural que atraviesa la zona elevó el terreno y alteró el escurrimiento natural del agua. A eso se suma un proceso menos evidente pero igual de importante: cuando una laguna se seca y se llena de pastos, esa vegetación empieza a retener sedimentos del aire, elevando aún más el nivel del suelo.
Además, consume rápidamente la humedad disponible. Es un ciclo silencioso, pero devastador para la salud de los humedales.
De aves acuáticas a aves de pastizal

Nuestra idea original era registrar aves playeras o empezar a ver las primeras especies invernales. Pero no apareció nada de eso. En cambio, el nuevo ambiente favoreció a otras especies.
Ahí entran en escena los pechos colorados (Leistes superciliaris).
El “pechito colorado”, como le decíamos en Rosario, siempre estuvo entre mis aves favoritas. Tiene algo especial. En lo personal, además, me conecta con una historia familiar que me recuerda a mi padre, que prefiero dejar fuera de estas líneas, pero que hace que cada encuentro con esta especie tenga otro peso.
Verlos en tanta cantidad, en todos los estados de plumaje, fue un espectáculo.

El protagonista: el pecho colorado
El pecho colorado (Leistes superciliaris) es un ave Paseriforme de la familia Icteridae, muy asociada a pastizales y zonas agrícolas. Su distribución es amplia: desde el noreste de Brasil hasta el centro de Argentina, llegando incluso al sur de la provincia de Buenos Aires.
El macho es inconfundible: cuerpo oscuro, una ceja blanca bien marcada y ese rojo intenso en el pecho que se vuelve protagonista en época reproductiva.
Fuera de ese período, el color se apaga un poco. Las hembras, en cambio, son más discretas, con tonos marrones y un patrón rayado que las camufla perfectamente en el entorno.

Su canto es áspero, bien característico, y fue otro de los detalles que pudimos registrar durante la salida.
Muchas veces se lo confunde con la loica (Leistes loyca), aunque en esta zona no es habitual encontrar ambas especies. De hecho, sería un registro bastante interesante.
Comportamiento y reproducción (en simple)
Es una especie bastante adaptable dentro de su ambiente. Puede ser residente o moverse según las condiciones, especialmente en inviernos muy secos o fríos.
Se reproduce entre octubre y enero en Argentina. Los machos realizan vuelos cortos de exhibición, inflando sus plumas rojas mientras cantan, en una especie de despliegue territorial y de cortejo.

Los nidos están ocultos en el suelo, entre la vegetación densa. La hembra suele encargarse de la mayor parte del cuidado de los pichones. Como ocurre con otras aves de pastizal, puede ser parasitada por el Tordo Renegrido (Molothrus bonariensis).
Lo que nos dejó la salida
No encontramos agua. Y eso, sinceramente, preocupa. Porque la pérdida de un humedal no es solo un cambio de paisaje: implica la desaparición de especies, de ciclos naturales y de oportunidades para la biodiversidad local.
Pero al mismo tiempo, la naturaleza responde. Se reorganiza. Y aparecen otras especies que aprovechan el nuevo escenario.
Ese día nos fuimos con sensaciones encontradas. Por un lado, la tristeza de ver desaparecer un ambiente que durante años fue clave para el registro de aves en la zona. Por otro, la alegría de disfrutar a pleno de una especie que supo encontrar su lugar.

Fotografiamos machos, hembras, distintos plumajes, registramos cantos y observamos comportamientos.
Incluso notamos algo interesante: las hembras resultaron ser bastante más confiadas que los machos al momento de acercarnos. Fue, en definitiva, una gran jornada de campo.
¿Te interesa la observación de aves en la zona?

Si sos de Villa María o Villa Nueva y nunca escuchaste hablar de la Laguna Monjes, vale la pena investigar su historia. Entender qué pasó también es parte de aprender a observar.
Y si te interesa iniciarte en la observación de aves o mejorar tu fotografía, puedes contactarme, porque a veces no hace falta irse lejos: incluso en un lugar que cambió para siempre, la naturaleza sigue dando motivos para salir a mirar.




